domingo, 10 de octubre de 2010

Detalle rostro de campesino

Detalle niño en caballito de palo

Plintone en el Centro almendral

Esculturas de Norbero Oropesa ubicadas en el patio interno de la institución del Centro Almendral

Saltando la cuerda

Replica vasija prehispanica

Aribalo Inca

Replica de un aribalo incaico. Notese la rica y novedosa gráfica de este estilo de vasija que era usada para transportar semillas.  

Centro Almendral de San Felipe

En esta institución se guardan en exposición algunas de las piezas de don Norberto, quien hizo clases de cerámica a jovenes y adultos.

Taller de don Norberto

Trabajando en torno manual, don Norberto ejecuta una obra en arcilla, así como un director de orquesta mueve sus manos con maestría, conocimiento, experiencia y seguridad para lograr una gran interpretación.

25° Muestra Internacional de artesanía tradicional, Santiago, Noviembre 1998

Cronología Alfarera Prehispánica

Uno de los oficios tradicionales del valle del Aconcagua es la alfarería, una antigua manifestación artística y utilitaria con raíces en las más variadas culturas de toda América andina.  Aunque en principio fue una tradición utilitaria por  el uso de ollas y vasijas para satisfacer una necesidad exclusivamente alimentaria y de transporte de semillas y licor, pasó luego a ser un oficio de hombres alfareros que las hacían además como ofrendas a los dioses que gobernaban sus vidas en ceremonias rituales y entierros.
La alfarería en la zona tiene una data de entre 500 y 1500 años atrás y recientes investigaciones han aclarado que en el valle de Aconcagua hubo una yuxtaposición de culturas, algunas de las cuales poseen diferente temporalidad en este espacio definido. Alfarerías de la Cultura Bato, Llolleo, influencia Diaguita y del Complejo cultural Aconcagua Salmón, son algunos de los ejemplos, sin contar la presencia menor y más recientes de artefactos Mapuches.

domingo, 3 de octubre de 2010

Vasijas zoomorfas

Toros y vasijas

Conjunto 00

Fases de la alfarería tradicional

Las fases de la alfarería tradicional consiste en obtener la greda en terrones desde muchos cerros de la zona, remojarla en agua durante un día, amasarla y colarla;  confeccionar las herramientas;  el modelado mediante distintas técnicas, principalmente de “lulo” y en los últimos años el torno como herramienta para la fabricación en serie; el pintado con materiales minerales naturales como óxidos.  En general, usaban tierras con diferentes contenidos de óxidos metálicos colorantes como el hierro, cobre y dióxido de manganeso, y el caolín o arcillas blancas para los tonos claros cuya técnica es denominada engobe; bruñido con ágata, cuero, hueso y piedras y finalmente la cocción tradicional con bosta, que en los años posteriores se reemplazó por el horno de barro.
La industrialización y las importaciones llevaron a la casi desaparición de este oficio, y la alfarería se reduce actualmente a una escasas zonas del país y a una serie de talleres en distintas zonas, con una producción artesanal y una clientela cada vez más reducida.

Conjunto 01

Conjunto 02

Conjunto 03

Conjunto 04

Conjunto 05

Toritos de sobremesa

Técnica alfarera de Oropesa

En el pueblo de San Esteban, cercano a Los Andes, quien difunde aún este oficio es el artesano Norberto Oropesa, que desde 1950 a la fecha a trabajado permanentemente como artesano, primero como autodidacta, luego contratado por diversas empresas locales del rubro en Los Andes y Santiago y finalmente se establece en San Esteban con su propio taller.  Siendo muy joven, va a buscar la arcilla a la precordillera y luego la mezcla con tierras de distintos orígenes, como el sector Los Azules de Rio Blanco, camino Internacional a Mendoza.  Él produce sus propios engobes, generando una carta de colores, de los óxidos naturales, minerales, de los huesos y madera.  La temperatura de cocido en su horno a leña es aproximadamente de 650°C. El uso de engobes en la decoración de sus piezas lo distingue de otros artesanos urbanos. Norberto Oropesa representa la realidad mestiza de nuestro pueblo, una realidad muy presente en la zona central, estando su arte en la categoría de cerámicas tradicionales como la policromada. El alcance territorial abarca toda la zona central, pero también sus esculturas fueron verdaderas embajadoras de nuestra cultura chilena en países como Argentina, Rumania, Alemania, Rusia, España, Canadá y Francia en los años 60 y 70.